Madre, tu voz abrió la mañana
cuando aprendía apenas a andar;
y tu ternura, siempre cercana,
me dio confianza para soñar.
Si alguna sombra cerró mi camino,
fuiste una estrella en la oscuridad;
y cuando dudé de mi destino,
tu abrazo me devolvió claridad.
No hay frase que alcance a nombrar tu bondad,
ni regalo que iguale todo lo que das;
te llevo conmigo, guardada en mi alma:
mi raíz, mi refugio, mi puerto y mi paz.
Y aunque la vida nos lleve adelante,
y cambie los días, el rumbo y el color,
seguirás en mi pecho, serena y constante:
donde tú estás, siempre nace el amor.