Después del entierro de su madre, Julia oyó tres golpes detrás del espejo del pasillo.
Encontró una puerta oculta. Al otro lado había una cama infantil, una muñeca sin ojos y un dibujo de dos niñas. Debajo, su madre había escrito: «Julia y Clara. No abrir».
Desde el cuarto llegó una voz:
—Julia, por fin. Sácame.
Julia buscó la llave en el cuaderno azul. En la última página encontró una frase temblorosa: «Clara murió hace veinte años. Si vuelve a golpear, no le abras».
Los golpes cesaron.
Entonces, desde la puerta principal, alguien tocó tres veces.
Y la voz de su madre, detrás de Julia, susurró:
—No le abras. La que está ahí afuera eres tú.