MICRORELATOS
para mayores de 18
Spicy🌶
La habitación estaba cargada de calor y jadeos.
Él la había empujado contra la cama sin preámbulos, arrancándole la ropa con una urgencia animal.
Sus manos grandes y ásperas recorrieron su cuerpo como si quisiera marcarla, apretando sus caderas, sus pechos, su cuello.
Ella no opuso resistencia; al contrario, arqueó la espalda y abrió las piernas, invitándolo con un gemido ronco que salió desde lo más profundo de su garganta.
—Te voy a follar hasta que no puedas más
gruñó él, posicionándose entre sus muslos.
Entró de un solo empujón brutal, llenándola por completo.
Ella gritó, un sonido mezcla de dolor y placer puro, y sus uñas se clavaron en su espalda.
Él no esperó: comenzó a moverse con fuerza, salvajismo puro, embistiéndola como si quisiera romperla.
La cama crujía bajo el impacto, el cabecero golpeaba la pared en un ritmo frenético.
—¡Sí… más fuerte!
suplicó ella, las palabras entrecortadas por gemidos cada vez más altos.
Él obedeció. Agarró sus muñecas y las inmovilizó sobre su cabeza con una sola mano, mientras con la otra le pellizcaba un pezón hasta hacerla arquearse.
Sus caderas chocaban contra las de ella con violencia, profundo, sin piedad.
El sudor corría por sus cuerpos, mezclándose.
Ella sentía cada centímetro de él dentro, estirándola, golpeando ese punto exacto que la hacía temblar.
El primer orgasmo la atravesó como un rayo.
Su cuerpo se convulsionó, las paredes de su sexo apretándolo con fuerza rítmica mientras gritaba su nombre.
Él no se detuvo. Siguió embistiéndola aún más rápido, más duro, prolongando las olas de placer hasta que ella pensó que se desmayaría.
—No pares… por favor…
rogó entre sollozos de éxtasis.
Él soltó una risa oscura y la volteó de un movimiento brusco, poniéndola a cuatro patas. Volvió a entrar desde atrás, agarrando su cabello como riendas. La penetraba con golpes secos y profundos, su otra mano bajando para frotar su clítoris hinchado sin delicadeza.
El segundo clímax llegó casi de inmediato: ella se derrumbó sobre los codos, temblando, gritando mientras su cuerpo se contraía una y otra vez alrededor de él.
Pero él seguía. Salvaje. Insaciable. Cambió de ángulo, golpeando más hondo, más rápido.
El tercero la sorprendió: un orgasmo múltiple que la dejó sin aliento, lágrimas de placer rodando por sus mejillas, su voz rota en gemidos continuos.
—Otra vez… voy a venirme otra vez…
gimió ella, casi sin fuerzas.
Él aceleró, gruñendo como bestia, hasta que finalmente se derramó dentro de ella con un rugido, llenándola mientras su cuerpo se estremecía por última vez contra el suyo.
Se quedaron quietos, jadeando, pegados por el sudor y los fluidos. Ella temblaba aún, exhausta y satisfecha, con una sonrisa temblorosa en los labios.
—Eres mía
Le susurró besándole la nuca.
—Y tú mío
respondió ella, antes de que el sueño los reclamara.