Hubo un tiempo que sentía los rayos del sol, caín recorriendo todo mi cuerpo, mi ser, y me abrazaban.
Me susurraba palabras en un idiomas que no entendía, que no conocía, que nunca pude aprender y que nunca nadie intentó enseñarme.
Pero lo podía sentir, y con eso, podía entenderlo todo.
Estoy bien.
Estoy a salvo.
Palabras que inundaban mi mente, que remplaban a todos mis demás pensamientos y me dejaban completamente hipnotizada.
En las noches sentia tu mirada, aunque no estuvieras ahí, una parte de mi me decía que no te había ido a ningún lado.
Entonces ...
¿A donde te has ido?
Te necesito para no tropezarme
Te necesito para no perderme
Te necesito
¿Hice algo malo?
¿O es que tú luz me ha cegado y ahora no puedo sentir nada?