Hace tres años conocí a Lucas.
Llegó a mi vida cuando estaba pasando por uno de los peores momentos y, sin darse cuenta, se convirtió en mi mejor amigo. Compartimos mates, campamentos, secretos, abrazos y cientos de momentos que en ese entonces parecían no significar nada.
Él se enamoró de otra persona y yo intenté convencerme de que no me importaba.
Intenté alejarme, fingir que solo éramos amigos y seguir con mi vida.
Pero hay sentimientos que, aunque no quieras nombrarlos, terminan encontrando la forma de quedarse.
Esta es la historia de cómo conocí a mi alma gemela, de todo lo que vivimos juntos y de cómo, tres años después, todavía intento entender qué fuimos.