La vida de Vivían Ward da un giro inesperado, cuando ya pensaba que todo estaba mejor después de que su padre los abandonara por otra mujer, su madre cayó enferma, pero cuando le dieron el diagnóstico el mundo se le vino encima. No era ni la mitad de lo que se se le venía, Theo su hermano gemelo, un completo desastre, le tenía que sacar de muchos de sus problemas. Pero no era lo más grande estaba por llegar su pesadilla….
— ¿Cáncer? - repitió la palabra Vivían sintiendo que se le acababa el mundo, después de que el médico le diera el diagnóstico.
— Estamos a tiempo de tratarla, - le informó el doctor, hay un tratamiento que puede reducir con resultados positivos hasta un 99 por ciento. Lo malo de esto que es costoso.
— ¿De cuanto está hablando doctor? - preguntó con resignación esperando lo peor, con su trabajo apenas podía cubrir la renta de su departamento, y los servicios básicos, más comida. Tenía que exigirle a su hermano que buscara un empleo para que le ayudara, y ya sabía su respuesta.
El médico le escribió en un papel un promedio del costo. Dejando a la chica con un amargo sabor de boca. ¿De dónde iba a sacar tanto dinero?
— Su madre debe permanecer en el hospital hay que hacer muchos estudios, pero creo que su seguro cubre la hospitalización, lo que no cubre es el tratamiento.
Vivían asintió. Salió del hospital después de despedirse de su madre con un dolor en el corazón que solo ella sentía, su pobre madre le había tocado vivir una vida miserable, llena de humillaciones por parte de su padre, cuando él le dijo en su cara que ya tenía otra mujer y que se iba con ella, su madre apretó los puños clavándose las uñas un la palma de la mano, Aunque Zoila no bajó la cabeza, ni hizo ningún escándalo, sabía que la había destrozado, hubo noches que la escuchaba llorar, más no sabía si era por que la había abandonado o fue enterarse que vendió la casa y los había dejado prácticamente en la calle. Aunque también hubo maltrato emocional.
Zoila, Ward trabajaba día y noche, en un restaurante por el día, y por la noche en un mercado cargando cajas de verduras. Hasta que su cuerpo no dio para más, Vivían dejó de ir a la escuela antes de graduarse de enfermería, ahora estudiaba de noche, pero acababa muy tarde, tenía que esforzarse más, buscar un segundo empleo. Suspiró en la parada de autobús mirando la hora.
Vivían llegó a su departamento mirando la motocicleta de Theo su hermano, tenía que hablar con el y obligarlo a buscar un empleo de verdad y le ayudara con lo que se le venía encima.
Cuando Theo le vio llegar la esperó con una sonrisa. Qué para Vivían significaba sólo una cosa… problemas.
— ¡Hermanita bella, la más hermosa! - canturreó su hermano abrazándole queriendo juguetear con ella, pero al ver la seriedad en su rostro, se quedó quieto.
— ¿Qué tienes? - preguntó observando que su mamá no venía con ella. - ¿y mamá? - Te fuiste con ella.
— Theo de eso te quería hablar, - dijo seriamente, mamá tiene cancer, ese era los dolores que le daban y esta vez hermano tienes que ayudarme con algo, tienes que buscar un empleo. - le dijo mirándolo con seriedad.
Theo se quedó pensando por unos segundos.
— El tratamiento es muy caro, no lo cubre el seguro médico. - agregó cuando lo vio pensativo.
— Vivían, tengo la solución.
— ¿De qué hablas? - preguntó sin entender absolutamente nada.
— Vivían, Elliott Foster me lo topé en el casino, dijo que le gustas mucho, sabes que el tiene mucho dinero, el nos podría dar el dinero para el tratamiento de mamá.
— ¿¡Te haz vuelto loco Theo!? - le dijo furiosa con el semblante arrugado. Ese tipo es conocido por ser un mujeriego irremediable, jamás tendría una relación con él, ¡nunca! - le dijo mirándole incrédula por la estupidez que acababa de decir. Además es un hombre que cree que porque tiene dinero puede hacer con las mujeres lo que le da su reverenda gana, no tiene respeto por nadie.
Se fue a su habitación, ¿donde tenía la cabeza su hermano al pensar que le daría entrada a ese mequetrefe como ella le decía? Conoció a una o dos chicas que habían tenido algo que ver con él, algo tenía que haber hecho que después las familias tuvieron que irse de la ciudad.
Theo sin que su hermana se enterara se regresó al casino, sabiendo que ahí encontraría a Elliott, era cierto lo que su hermana le dijo, siempre se le veía acompañado con una o dos mujeres.
Se fue directamente hasta la mesa de juego donde estaba en una partida de pokers.
Elliott lo miró sin gesto alguno.
— ¿Me traes una respuesta? - preguntó sin levantar la vista de sus cartas.
— Este… ¿Y si buscamos otra solución? - movió los dedos nervioso.
— Mira cabron, o me pagas todo lo que me debes, o tienes que convencer a tú deliciosa hermanita que tiene que casarse conmigo.
— Es que sucedió algo…
— ¡Dime!..y no me quieras ver la cara.
— Mi madre está en el hospital tiene Cáncer. - declaró con la vista al suelo, ahora está enfocada en conseguir la plata para el tratamiento.
Una sonrisa dibujó el rostro del hombre, ya sabía cómo conseguir hacerla que se casara con él.
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Antes de salir al trabajo, Vivían pasó a ver a su madre. Había pasado mala noche pensando como reuniría tanta plata, cuando llegó no esperaba que estuviera despierta.
Su madre al verla le dedicó una sonrisa, ella desde que sintió esos dolores en el estómago tenía su propio diagnóstico, su madre había padecido Cáncer de estómago y ella había estado todo el tiempo a su lado, por lo que dedujo al instante.
— Vivían mi niña aunque no me quieras decir lo que te dijo el doctor me puedo imaginar lo que tengo, - le dijo con una mirada triste, no tienes que mentirme.
Vivían por fin cedió al enorme dolor que tenía en el pecho, aferrándose al cuerpo de su madre sollozando abrazada a ella.
— Mamita te prometo que conseguiré que te cures, tú solamente tienes que estar tranquilita. - contestó con la mejor sonrisa. No podía decirle que estaba vuelta loca pensando como conseguir el dinero.
— Mi niña te haz sacrificado tanto por nosotros que tengo miedo, que un día ya no puedas más y te enfermes.
— Mami no digas eso, tú te sacrificaste por mí, por Theo, suspiró al mencionar a su hermano.
— Eso es lo que temo Vivían.
Quiso seguir hablando y pedirle que vigilara y estuviera atenta a lo que hacía su hermano, no le tenía la mínima confianza, sabía que de nuevo andaba en pasos malos, pero cuando quiso decirlo llegó un doctor por ella.
— Tengo que llevarla al laboratorio. - avisó un enfermero, empujando una silla de ruedas.
Vivían aprovecho para irse antes que se le hiciera tan tarde. Solo le hizo una seña a su mamá que ella entendió.
FARMACIA
Al llegar Vivían a la farmacia dónde trabajaba como ayudante de farmacéuticos, se extrañó ver de nuevo a su hermano esperándola.
— ¿Qué haces aquí? Deberías ir a ver a mamá, en vez de estar dando vueltas sin beneficios.
— Calma hermanita, vine porque tengo una solución.
Vivían blanqueó los ojos.
— Es verdad, - le dijo al ver su incredulidad.
— ¿Theo no ves que voy a entrar? No me hagas perder el tiempo. - le dijo encaminándose a la entrada del establecimiento.
— Elliott Faster está dispuesto a pagar el tratamiento de nuestra madre, y toda su recuperación en el mejor hospital de Los Ángeles. - le habló de golpe.
Vivían se dió la vuelta, con el ceño fruncido.
— ¡No!! - contestó tajante, apretando los dientes.
— No te metas en problemas con ese sujeto Theo, sabes de lo que hablo. - lo miró de lado, intentando, ver en su hermano algo más.
Theo tragó fuerte, ¿ahora como le iba a pagar tanto dinero que le debía? Ni siquiera trabajando el resto de su vida le terminaría pagando.
— Piénsalo hermana, si te casas con él, todo lo tendrás resuelto. - dijo evitando mirarla a los ojos. Pero Vivían lo conocía lo suficiente para entender.
— ¿Que hiciste Theo? - Preguntó mirando la hora en su teléfono, ¿porque tanta insistencia con eso?
—Nada hermana, sólo pensaba en la pobre de mamá, y lo mucho que está sufriendo.
Vivían ignoró las últimas palabras de su hermano debía marcar puntualmente, no quería tener problemas en ese trabajo.
Theo le envió un mensaje a Elliott con la respuesta de su hermana. Haciendo que el hombre apretara los puños.
— Si no eres mía a las buenas…entonces lo serás por las malas. - exclamó en un susurro, con los rasgos fruncidos de coraje.
Elliott no entendía porque esa mujer se negaba a su propuesta, era un hombre sumamente guapo con excelente cuerpo, rico, su único defecto era que le gustaban demasiado las mujeres y obviamente el dinero. Era el dueño de tres de los casinos más grandes y productivos de Los Ángeles, dueño de hoteles de lujo, y esa mujer era la única que le había propuesto matrimonio, y se había dado el lujo de rechazarlo.
— Haz lo planeado. - ordenó a Martín su mano derecha.
— Enseguida jefe. - contestó sacando su teléfono tecleando algo.
MIENTRAS TANTO
Vivían estaba concentrada en lo que hacía dentro de la bodega administrando los productos por fechas y en orden cronológico.
— Vivían te llaman del hospital. - le informó una compañera. La chica dejó inmediatamente lo que hacía, había dejado en el hospital el número telefónico de la farmacia como uno de los contactos de emergencia, ella apagaba su teléfono mientras estaba trabajando.
La chica llegó apresurada hasta donde estaba el teléfono.
— Soy Vivían, - contestó en la bocina del teléfono.
— Señorita Ward, su madre sufrió una recaída y le llamamos para acelerar los trámites, reúna todo el dinero necesario a más tardar en una semana.
— Pero como que sufrió una recaída, ella estaba muy bien está mañana. - dijo sintiendo como su corazón retumbaba en su pecho.
— De hecho no estaba nada bien señorita, en los últimos exámenes que hicimos esta mañana salieron sus defensas bajas, su corazón tiene un problema que debemos resolver.
Vivían de dejó caer junto a la vitrina de un estante.
— Algo más señorita Ward, apareció alguien alguien que está dispuesto hacerse cargo de los gastos.
Vivían se puso de pie con la ayuda de su amiga, cuando escuchó lo último que había dicho el doctor.
— ¿Quien? - preguntó aunque no sabía porque intuía de quién se trataba.
— Déjeme mirar en el expediente, - le dijo el financiero del hospital. Aquí está, es el señor Elliott Foster.
Al escuchar el nombre Vivían hizo un gesto con la boca de coraje, y el ceño fruncido.
Ese individuo me va a escuchar.
Vivían pidió lo que restaba del día, solo quedaba menos de una hora. Tenía que ir al hospital y buscar a su hermano para ver qué había hecho, y saber qué más le estaba ocultando.
Cuando llegó al hospital y vio a su madre con un aparato de oxígeno el animó se le fue al piso. Sus lágrimas salieron sin querer.
— Mami, como llegaste a recaer así, - no pudo controlar sus lágrimas, ¿porque nunca hablaste conmigo del problema de tu corazón? - le tomó la mano, mamila tengo qué dejarte sola por unas horas, tengo que ir hacer una visita. - pronunció en un susurro.
CASINO.
— Señor…hay una mujer pidiendo hablar con usted. - le anunció. - le anunció su asistente mirando de reojo a la chica que se acababa de levantar del piso. Una sonrisa apareció en el rostro de Elliott.
— ¡Vete! - exclamó ordenándole a la chica que lo miraba incrédula.
— ¡Elliott no! - se reusó a irse.
— ¡Lizeth! - he ordenado que salgas.
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Lizeth salió en contra de su voluntad pataleando frustrada. Pero al ver a la hermosa chica entrar a la oficina acompañada por el asistente de Elliott, se llenó de rabia, con los celos a flor de piel.
En la oficina, Elliott la esperaba con una sonrisa de suficiencia.
Señor Elliott soy Vivían Ward y vengo a exigirle que deje en paz a mi familia. No se que pretende con decir que pagará la deuda del hospital. No voy acceder a sus caprichos.
La respuesta de la chica, lo hizo romper en carcajadas.
— Lo siento señorita Ward creo que no me ha entendido. No es un tema que esté en discusión, digamos que estoy siendo colaborador con ustedes y usted solamente se casará conmigo.
Vivían se paró junto a él con los ojos irradiando fuego.
— ¡Es un maldito demente! - pronunció tan fuerte que todos debieron haber escuchado.
Elliott ni siquiera se inmutó, siguió haciendo malabares con el plumón que tenía entre sus dedos. Fijó la mirada en la bella mujer riendo sarcásticamente antes de decir lo que dejaría a la chica sin palabras.
— ¡Nunca me casaría con usted! - escupió sin pestañear.
Elliott sintió rabia por su desprecio.
— Su madrecita no tardará en morir sin la atención que le estoy brindando, - agregó sin mirarla, aparte, tu hermanito gemelo me debe más de un millón de dólares, que cobraré inmediatamente, si no lo hace en una semana, - pensó un segundo como si pensara, tendrás que recogerlo en silla de ruedas porque le cortaré las malditas piernas, es una promesa. - le sonrió mirando su reacción.
Vivían se estremeció de solo imaginarlo.
— Es un monstruo. - lo miró por un segundo. Iba a seguir insultándolo, pero él le quitó la palabra de los labios.
— Si no te casas conmigo, te dejaré sola en la miseria porque haré que nadie te contrate en ninguna plaza. Y si no me crees…puedes comprobarlo. - le dijo sonriendo cínicamente.
Vivían tomó aire inhalando despacio, pero ver que llevaban arrastrando a su hermano golpeado sangrando completamente del rostro se le fue el aliento.
Volvió el rostro hacia él.
— Está bien, acepto, pero deja a mi familia en paz.
— Lleven al chico a que lo atiendan, - ordenó a los tipos que lo llevaban. Te mandaré lo necesario para nuestra boda, en una semana irán mis hombres por ti para llevarte a la capilla. - le dijo recibiendo a la chica que acababa de salir echársela en las piernas.
Vivían lo miró antes de salir con repudio, y a la chica con una sonrisa moviendo la cabeza, negando.
Vivían no sabía que estaba pagando en la vida, llegó a su departamento sin recordar como lo hizo no tenía nada sentido, solamente quería saber bien a su familia, ya que su vida estaba a punto de colapsar y sumergirse en un vacío.
Se secó las lágrimas, llamó al médico que atendía a su madre enterándose que habían recibido el dinero para poder atenderla, era todo lo que le importaba en esos momentos, lo que a ella le pasara era secundario.
Se metió en la cama, lloró como nunca lo había hecho en todo lo que recordaba en toda su vida, tanto que no supo a qué tiempo se había quedado dormido. Siendo otro día el timbre de la puerta lo que la hizo levantarse para saber quién era tan temprano, pero no era así ya pasaban de las ocho de la mañana y tenía que trabajar.
Al abrir la puerta, tres hombres cargando cajas, frente a su puerta.
— Traemos esto para la señorita. - miró la tarjeta y el número de la puerta. ¿Ward?
— Soy yo, - contestó sin interés, déjelas en el suelo.
El hombre dudó por unos segundos, pero ellos solo iban a entregarlas. Así que hicieron lo que ella ordenó.
CINCO DÍAS DESPUÉS.
Elliott llegó al departamento de Vivían, ella intentó evitar que entraran era el colmo.
— ¿Qué necesidad tiene en venir? si ya le dije que estaré lista el día pactado.
El hombre vio las cajas intactas sin abrirse siquiera.
Agarró la primera y la abrió, sacando un hermoso vestido blanco era el vestido que debía usar para la boda, se lo arrojó cayendo en el pecho de la chica quien no le tomó ningún interés, haciendo que el hombre se enfureciera.
La tomó fuertemente de un brazo haciendo que la chica se quejara debido al dolor que le produjo la fuerza que empleó con el arrebato.
— No me des problemas. - le advirtió, todo lo que ahí hay cuesta más de lo que imaginas.
— ¡Me estás lastimando idiota! - ¡suéltame! - le dijo la chica, con una mirada retadora.
El sonrió besándola ferozmente a la fuerza. Ella escupió con sangre debido a la mordida que le había dado.
— Malnacido aprovechado. Ojalá te retuerzas en el infierno.
Elliott, se había empecinado con la chica desde que la había visto en la feria de la ciudad donde acudía cada año, pues era el dueño de los terrenos donde se instalaban los juegos. Pero la chica nunca le había puesto ninguna atención.
La investigó haciendo que primero cayera su hermano, pero aún así ella era renuente jamás lo miró siquiera, eso lo hizo desearla más, hasta que vio un espacio donde ella no era inmune…su madre.
— Más te vale portarte bien querida, le levantó la barbilla con brusquedad. - le advirtió, tienes mucho que perder mi amor. - sonrió saliendo con sus hombres atrás de él.
Lo odiaba definitivamente. Se sobó el brazo viendo qué había dejado marcas igual en el cuello cuando intentó besarlo y ella apartarse fuertemente.
EN UNA BASE
— Jefe bienvenido de nuevo, aquí están los reportes de los deudores, como ve todos han saldado la deuda, solamente falta uno que no entendió se hizo el desentendido.
— Elliott Foster. - pronunció Dominic Blackwood. El don de la mafia Alemana.
— Vamos a ir hacerle una visita. - agregó con una sonrisa, vamos a ver qué excusa tiene.
— Se va a casar nos enteramos cuando fuimos a buscarlo. - le informó Greyson su asesor.
— Entonces vamos a felicitarlo, y a llevarle un regalito. - sonrió, a él nadie le quedaba a deber, y Elliott Foster no sería la excepción.
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