La familia Velarde no solo pertenecía a la élite: la superaba. Su fortuna era tan vasta que resultaba imposible de cuantificar, una riqueza que trascendía incluso los estándares más exclusivos de la alta sociedad.
El heredero de ese imperio era Jairo Velarde: despiadado, frío, arrogante… y peligrosamente mujeriego.
Años atrás, cuando su primogénito apenas tenía dos años, la empresa estuvo al borde de la quiebra debido a la desastrosa gestión de su tío.
Fue entonces cuando su vida personal también se derrumbó, la mujer a la que había amado incondicionalmente lo abandonó, dejándole como única compañía a su hijo, un certificado de divorcio y un dolor que nunca logró disipar.
Su abuelo, el hombre que lo había criado desde que sus padres fueron secuestrados y asesinados, no dudó en intervenir. Le arrebató la dirección de la empresa a su tío Vidal y se la confió a él.
Desde entonces, Jairo se convirtió en el implacable CEO de la poderosa “Velarde Group”, un imperio que extendía sus dominios por Europa y Latinoamérica.
En un escalón inferior de ese mundo de privilegios se encontraba la familia Carrillo, ricos y poderosos, sí, pero lejos del nivel de los Velarde.
Roberto Carrillo, su patriarca, seguía al mando de la empresa familiar, ambicioso por naturaleza, siempre había intentado cerrar negocios con los Velarde para expandir su fortuna, pero jamás lo consiguió.
Tenía dos hijas, ambas tan hermosas como despiadadas: arrogantes, materialistas y egoístas, capaces de cualquier cosa con tal de obtener lo que deseaban.
Elena, la mayor, se había casado con Andrés Flores, un influyente banquero. Juntos tenían una hija, Antonia, y una vida rodeada de lujos y apariencias perfectas.
Ana, la menor, no había tenido la misma suerte, un descuido la llevó a quedar embarazada del chofer de la familia.
Su padre, enfurecido, la obligó a casarse con él, un hombre al que despreciaba profundamente y al que llamaba “muerto de hambre”.
Sin embargo, Juan Gallegos estaba lejos de serlo: era trabajador, inteligente y de una nobleza que contrastaba con la frialdad de los Carrillo.
De esa unión nació Ania, una niña profundamente unida a su padre, fue él quien la crió, quien le inculcó valores y le ofreció el amor que la familia materna siempre le negó.
Tanto Juan como su hija eran constantemente despreciados, relegados a un lugar indigno dentro de esa casa.
Juan soñaba con marcharse lejos, pero no podía llevarse a Ania, su hija amada, y por ella soportaba cada humillación.
Mientras tanto, las hermanas Carrillo vivían en constante competencia por convertirse en la sucesora de su padre. Intrigas, trampas y traiciones eran parte de su día a día, cada una intentando destruir a la otra para ganar el favor de Roberto.
Pero todo cambió cuando Ania quedó embarazada. El escándalo fue inmediato, sin dudarlo, su abuelo la expulsó de la familia, condenándola al rechazo y al olvido.
Juan, fiel a su amor de padre, decidió marcharse con ella, juntos partieron hacia un destino incierto, armados únicamente con su valentía y el deseo de construir una vida mejor.
Tres años después, regresan al país por motivos de negocios. Ania no esperaba reencontrarse con su pasado… ni con la puerta del amor, un amor capaz de sacudirlo todo, por el que alguien estará dispuesto a luchar contra el destino mismo.
...........……………
¡Hola, mis queridos lectores! Estoy de regreso y les pido una disculpa por mi ausencia, la cual se debió a motivos de salud.
Hoy quiero compartir con ustedes esta novela. Se trata de una versión corregida y mejorada de una obra que publiqué al inicio de mi carrera, cuando recién empezaba y no tenía la experiencia en redacción que he logrado acumular hasta ahora.
Espero de corazón que les guste y la disfruten.
Con cariño... IG: Yoisy Ticliahuanca
En una lujosa mansión valorada en millones de dólares, ubicada en la zona más exclusiva de la ciudad, residía la poderosa familia Velarde.
Orlando Velarde, el patriarca, observaba en silencio a través de los ventanales. A pesar del tiempo, la pérdida de su esposa, su hijo mayor y su nuera seguía pesando en su alma.
Habían sido asesinados a sangre fría por enemigos que jamás olvidó… pero su nieto desconocía esa parte de la historia.
Cuando ocurrió la tragedia, él era apenas un niño, por lo que le hicieron creer que todo había sido un accidente.
“Señor, ¿qué le preocupa?” La voz de su mayordomo, lo sacó de sus pensamientos. Llevaba rato llamándolo sin obtener respuesta.
Orlando suspiró “Disculpa, Santiago. No me había percatado de tu presencia” Luego lo miró con seriedad “Me imagino que mi nieto está con esa mujer…”
Su tono denotaba preocupación. Desde que su primera novia lo abandonó, Jairo se había convertido en un mujeriego empedernido.
Orlando nunca aprobó a aquella mujer, siempre vio en ella interés y ambición, se lo advirtió a su nieto, pero él no escuchó… y el tiempo terminó dándole la razón.
Sin embargo, parecía no haber aprendido nada, pues seguía rodeándose del mismo tipo de mujeres.
“Sí, señor. Está con la señorita, no sé qué relación tienen exactamente, pero es la única que no la deja como a las demás” respondió Santiago con cautela.
Orlando frunció el ceño, visiblemente molesto “Ese muchacho… parece que su inteligencia solo funciona para los negocios, no para las mujeres. Esa mujer es una interesada, y además desprecia a mi bisnieto”
El mayordomo suspiró con discreción “No se preocupe tanto, señor. Bajemos a cenar, ya llegará alguien capaz de cambiar al joven”
Ambos se dirigieron al gran comedor, donde los esperaban: Vidal hermano del difunto hijo mayor de Orlando, su esposa y sus hijos, Noé y Sol, junto al pequeño Mateo.
Una fila de empleados, impecablemente vestidos de negro y blanco, comenzó a servir la cena.
Mateo miraba constantemente hacia la entrada, esperando a su padre, pero Jairo no aparecía “Abuelo… me voy a dormir. Ya no tengo hambre”
Sin esperar respuesta, el niño salió corriendo escaleras arriba. La soledad pesaba demasiado en su pequeño corazón.
Aunque nadie se lo había dicho directamente, una vez escuchó por casualidad que su madre lo había abandonado, desde entonces, esa idea lo atormentaba.
El ambiente en la mesa se volvió tenso. Orlando dejó los cubiertos “Llama a ese mocoso” ordenó con frialdad al mayordomo “Dile que mañana a las cinco de la mañana lo quiero en mi despacho”
Sin añadir nada más, se levantó y abandonó el comedor.
Santiago asintió y se retiró, dejando a la familia en silencio.
Vidal intercambió una mirada con su esposa y sonrió con un aire oscuro “Pronto la empresa volverá a estar en mis manos” levantó su copa de vino y bebió con calma.
………
En otra parte de la ciudad, Jairo Velarde terminaba un encuentro íntimo con Cintia en la suite presidencial de uno de los hoteles pertenecientes a su familia.
De pronto, recordó que había prometido cenar con su hijo y llevarlo al cine “Maldición…” se levantó apresurado y comenzó a vestirse.
Antes de salir, dejó dinero sobre la mesa para su amante y abandonó la habitación, sabía que ya era demasiado tarde para encontrar a Mateo despierto.
Al llegar a la mansión, solo algunas luces permanecían encendidas.
“Buenas noches, joven Jairo” dijo el mayordomo, apareciendo de la nada “El señorito Mateo ya está dormido. El señor Orlando lo espera mañana a las cinco de la mañana en su despacho”
Jairo se sobresaltó “¡Casi me matas del susto!” se llevó una mano al pecho y suspiró “Parece que el viejo está molesto…”, pensó.
“Nos vemos mañana” Le dio unas palmadas en el hombro al mayordomo y subió a su habitación.
Mientras tanto, en la suite del hotel, Cintia apretaba los billetes entre sus manos “Imbécil… te odio…” su voz estaba cargada de rabia.
“Pronto me cobraré cada humillación” tomó su celular y marcó un número “Ya hice lo que tenía que hacer. Ahora quiero que cumplas tu parte… y el dinero”
Al otro lado de la línea se escuchó una carcajada “Muy bien, muñeca. Contigo da gusto hacer negocios, revisa tu cuenta en diez minutos. Pero no me falles… o tú y tu familia lo pagarán”
La llamada se cortó, Cintia apretó el puño con furia antes de salir de la habitación.
………….
La luz del amanecer comenzaba a filtrarse por los ventanales de la mansión. Faltaban pocos minutos para las cinco de la mañana, y Jairo ya esperaba en el despacho, sabía que su abuelo detestaba la impuntualidad.
Orlando entró y sonrió levemente “Iré directo al grano. Sé que tienes muchas mujeres, y no estoy de acuerdo… pero es tu vida. Sin embargo, hay algo que sí voy a exigirte”
Su mirada se endureció “Así como tuviste a mi bisnieto, también debes tener el valor de ser su padre. Si esa mujer te abandonó, él no tiene la culpa”
Jairo guardó silencio unos segundos antes de asentir “Lo entiendo, abuelo. No te preocupes… lo arreglaré” se levantó y lo abrazó.
Orlando correspondió con suavidad “Ese es el niño que yo crie. Aunque… también deberías pensar en darle una madre”
Jairo soltó una carcajada y se separó “Eres terrible, viejo. Por hoy ya fue suficiente. Iré a ver a mi campeón” Salió del despacho antes de que continuaran los reproches.
Al llegar a la habitación de su hijo, se acercó con cuidado para no despertarlo. Sin embargo, terminó acostándose a su lado y lo abrazó, el cansancio lo venció casi al instante.
Horas después, despertó… y lo primero que vio fue a Mateo observándolo con tristeza “¿Qué pasa, hijo? ¿Por qué esa carita?”
El niño bajó la mirada “Estoy triste, papá… ya no me quieres”
Aquellas palabras atravesaron el corazón de Jairo. Lo abrazó con fuerza “Mi amor, te amo más que a nadie. Nunca lo dudes. Perdóname por estar ausente… no volverá a pasar” le besó la frente.
Mateo sonrió levemente “¿Lo prometes, papá?” le extendió su dedo meñique.
Jairo asintió, entrelazando su dedo con el del niño “Lo prometo”
Ambos se levantaron, Jairo ayudó a su hijo a vestirse y juntos bajaron a desayunar.
Aunque compartían mesa, para él no eran una verdadera familia.
Sabía muy bien que sus tíos lo odiaban por ocupar el puesto de CEO y que constantemente intentaban poner a sus primos en su contra, pero, hasta ahora, no lo habían logrado.
En otra parte de la ciudad, el ambiente en la mansión de la familia Carrillo estaba lejos de ser armonioso.
Las discusiones eran parte del día a día, pero aquella mañana la tensión era aún mayor, todos estaban reunidos en el comedor principal, algo poco habitual.
Roberto Carrillo, el patriarca, carraspeó antes de hablar “Ya que estamos todos reunidos” dijo con voz firme “quiero informarles que mi salud se está deteriorando. Por eso… he decidido renunciar a mi puesto como CEO de la empresa”
El silencio fue inmediato...
“¿Papá, estás bien? ¿Qué te pasa?” preguntó Elena, aparentando preocupación, aunque por dentro celebraba la noticia.
Roberto estaba a punto de responder, pero Ana se adelantó sin ningún filtro “Bueno, si esa es tu decisión, está bien… pero ¿quién será el sucesor? Eso es lo único importante”
“¡Ana!” exclamó Celina, su madre, indignada “¿Eso es lo único que te interesa? Deberías aprender de tu hermana, ella sí sabe preocuparse por la familia”
Roberto tomó la mano de su esposa para tranquilizarla.
Elena, aprovechando el momento, habló con dulzura calculada “Padre, tu salud es lo primero. Has trabajado demasiado… ya es momento de descansar y disfrutar”
Ana soltó una risa cargada de desprecio “Ya basta de hipocresía. No escondas tu veneno, hermana. Debes estar feliz…”
“¡Silencio!” tronó Roberto, golpeando la mesa “Las dos cállense” Las miró con severidad “Sé perfectamente lo que les interesa, pero aún no he decidido quién será el sucesor. Elegiré según su desempeño por el bienestar de la familia”
Ambas guardaron silencio, aunque la ambición brillaba en sus miradas.
Roberto conocía bien a sus hijas: una sabía ocultar sus intenciones, la otra ni siquiera lo intentaba.
Elena habló con arrogancia “No entiendo por qué no me eliges directamente, padre. Soy la mejor opción: más inteligente, más preparada… y además tengo un esposo influyente que puede ayudar a expandir el negocio”
Su mirada se desvió con desprecio hacia su hermana “No como Ana, que está casada con un chofer muerto de hambre que solo vive del dinero de la familia”
Ana se puso de pie, roja de furia “¿Ah, sí? Tal vez mi esposo no sea millonario… pero al menos yo no mantengo a las amantes del marido con el dinero familiar, como tú”
El golpe fue certero, Elena palideció, incapaz de responder.
Ana sonrió con satisfacción “¿Qué pasó, hermanita? Mejor cuida bien a tu “marido perfecto” o podrías perderlo”
Se levantó con elegancia “Me voy, yo sí tengo cosas importantes que hacer” y salió del comedor sin mirar atrás.
Elena, humillada, se levantó apresurada y corrió a su habitación.
Roberto soltó un suspiro pesado, luego dirigió una mirada fría a su yerno “Será mejor que controles tus “hábitos”, Andrés. No quiero ver tu nombre en los periódicos… y mucho menos por escándalos” sin esperar respuesta, se levantó junto a su esposa y abandonó el comedor.
Andrés apretó los puños, conteniendo la rabia, estaba atrapado en aquella familia y debía soportar cada humillación. Una pequeña mano tomó la suya.
“No le hagas caso al abuelo, papito” dijo Antonia con dulzura.
Andrés suavizó su expresión “No te preocupes, mi niña. Vámonos de aquí… no me gusta compartir mesa con gente de tan bajo nivel” su mirada se dirigió con desprecio hacia Juan y su sobrina Ania.
Ania, lejos de incomodarse, sonrió con serenidad. Observó la gran cantidad de comida intacta sobre la mesa “Papá… ¿y si guardamos lo que está en buen estado y se lo llevamos a la gente que lo necesita?”
Juan acarició su cabeza con orgullo “Claro, mi pequeña. Y recuerda… no te dejes influenciar por esta familia” bajó la voz “Ya falta poco para irnos de esta cueva de víboras.”
Ania lo abrazó con ilusión “Sí, papá. Pronto nos iremos lejos…”
A diferencia del resto, Juan no dependía de la empresa familiar, amaba la mecánica y trabajaba como ingeniero automotriz en una pequeña compañía.
Nadie lo sabía… excepto su hija, quien compartía su pasión, aunque desde el diseño.
……..
En su habitación, Elena caminaba de un lado a otro, consumida por la rabia, la humillación que había sufrido no quedaría impune.
Tomó su teléfono y marcó un número “Quiero que hagas sufrir a mi hermana” dijo sin rodeos.
Al otro lado, una voz grave respondió con calma “Qué coincidencia… tengo un negocio en mente. Una de mis ahijadas quiere atrapar a un millonario… y necesitamos a una chica”
Elena frunció el ceño “Mi hermana no sirve para eso, es insípida y sin gracia”
“No hablo de ella, cariño…” respondió el hombre con tono insinuante “Hablo de tu sobrina”
El silencio llenó la habitación. Poco a poco, una sonrisa cruel se dibujó en el rostro de Elena “Claro…” susurró “Si Ania cae en desgracia, eso arrastrará a su madre… y entonces mi padre no tendrá otra opción que elegirme a mí”
Sus ojos brillaron con malicia “Acepto, pero quiero estar al tanto del plan”
“Mañana, donde siempre” respondió el hombre “Te daré todos los detalles”
“Perfecto” dijo ella con voz seductora “Nos vemos, cariño” Colgó con una sonrisa que nada podría borrar.
……..
Mientras tanto, Juan y Ania recogían la comida en silencio, la empacaron cuidadosamente y salieron rumbo a su destino.
Al llegar, varias personas en situación de calle los recibieron con sonrisas y palabras de agradecimiento “Dios los bendiga…”
Padre e hija compartieron miradas cómplices. En un mundo lleno de ambición y crueldad, ellos aún conservaban la bondad.
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