NovelToon NovelToon

Las Cicatrices Del Lobo

informacion

Hola mis queridos lectores, aquí les vengo con una nueva novela de un tema que me apasiona que es el amor en la mafia. Esta vez traigo un poco de oscuridad, traiciones y un amor que intentara vencer aquellas dificultades que se le pondrán en el camino. Un pasado que pesa, una culpa que no se va y un futuro que parece sumamente incierto.

Como siempre les advierto de temas sensibles que se tocaran a medida que la historia se vaya desarrollando, si gustan pueden pasar esos capítulos para poder seguir leyendo el siguiente contenido.

☆abuso de sustancias

☆asesinatos

☆abuso físico y mental

☆lenguaje inapropiado y obsceno

Los personajes son de invención propia y lo que a cada uno le ocurre es parte de esta historia, eso no quiere decir que este de acuerdo con su forma de ser, solamente es necesario para la trama.

ahora presentaremos a los personajes principales.

Giovanna Rossi, joven de 18 años que acaba de terminar la secundaria y está por comenzar la universidad. Vive en un pequeño pueblo de Italia junto a su madre y a su padre. Una joven empática, inteligente, lela y valiente (aunque a veces parezca lo contrario). Cabello castaño oscuro y ojos avellana, mide 1,68 aproximadamente, tiene lagunas cicatrices en su espalda y costillas y rasgos delicados que heredó de su madre.

Alekséi Volkov

líder de la mafia Rusa, tiene 28 años y es frío y calculadora. También tiene rasgos obsesivos y controladores. Cabello rubio y ojos grises, con mandíbula bien marcada y siempre vestido de forma impecable.

Virtudes

🖤 Inteligencia estratégica excepcional.

🖤 Disciplina absoluta.

🖤 Protector con quienes considera suyos.

🖤 Mantiene su palabra.

🖤 Capacidad para tomar decisiones difíciles.

Defectos

⚠️ Obsesivo.

Cuando se fija un objetivo, no sabe detenerse.

⚠️ Controlador.

⚠️ Frío emocionalmente.

Le cuesta expresar afecto.

⚠️ Guarda la culpa hasta que lo destruye.

⚠️ Cree que puede cargar solo con todos los problemas

Su apellido deriva de lobo y fiel a ello es frío, calculador, letalmente peligroso y muy territorial.

La historia se irá publicando casi todos los días con varios capítulos por día, la idea es comenzarla hoy 5 de junio y finalizarla antes del 30 de junio, todavia no tengo decidido de cuantos capitulos sera y espero poder ponerle foto a cada suceso que crea necesario. espero que sea de su agrado y les pido por favor que tengan en cuenta a la hora de comentar que no es necesario ninguna clase de insulto, como ya ha pasado en novelas anteriores. En caso de que no les guste pueden dejar de leerla.

Desde ya les agradezco a todos por siempre apoyarme y por los me gusta que siempre recibo, es un placer poder escribir cosas que realmente me gustan y ver que ustedes también disfrutan de la lectura. Esta es mi obra número 14 y las anteriores se encuentran en mi perfil por si gustan pasar a leerlas.

les deseo a todos los mejor siempre y sin mas que decir comenzamos con esta historia.

saludos

pitufina 💕

las grietas de un hogar perfecto

La tarde caía lentamente sobre las calles empedradas del pequeño pueblo italiano cuando Giovanna Rossi dobló la esquina que conducía a su casa.

Por primera vez en semanas se sentía ligera.

Había pasado el día con sus amigas recorriendo tiendas, tomando café y hablando de todo aquello que ocupaba la mente de chicas de su edad: universidades, viajes, chicos y sueños imposibles.

Durante unas horas había conseguido olvidar.

Olvidar los gritos.

Olvidar los silencios.

Olvidar el miedo.

Una sonrisa suave apareció en sus labios mientras observaba la pequeña bolsa de papel que sostenía entre las manos.

No era gran cosa.

Solo un pañuelo de seda color lavanda que había visto en el escaparate de una tienda artesanal.

Su madre lo había admirado durante semanas cada vez que pasaban por allí.

Nunca se lo compraría para sí misma. Siempre decía que había cosas más importantes en las que gastar el dinero.

Por eso Giovanna había usado parte de sus ahorros para comprarlo.

Quería sorprenderla.

Quería verla sonreír.

Dios sabía que últimamente sonreía muy poco.

La fachada de la casa apareció al final de la calle.

Desde afuera parecía perfecta.

Las flores del balcón seguían floreciendo.

Las ventanas brillaban limpias bajo la luz dorada del atardecer.

Era el tipo de hogar que aparecía en las postales.

La gente veía aquella casa y pensaba que dentro vivía una familia feliz.

La gente se equivocaba.

Giovanna apretó la bolsa contra su pecho.

Había aprendido hacía mucho tiempo que las apariencias podían ser mentirosas.

Especialmente cuando se trataba de su padre.

Cuando era pequeña lo había admirado.

Lo veía como un hombre fuerte. Importante. Respetado.

Ahora solo sabía que era un hombre al que debía evitar cuando estaba enfadado.

Y últimamente parecía enfadado casi todo el tiempo.

Subió los escalones de la entrada y abrió la puerta.

El aroma a pan recién horneado y canela la recibió de inmediato.

La cocina.

Su madre estaba en la cocina.

Siempre estaba en la cocina.

Era el único lugar de la casa que todavía se sentía seguro.

Giovanna dejó su bolso sobre una silla y caminó hacia allí.

—¿Mamá?

—Aquí estoy, tesoro.

La voz llegó acompañada por el sonido de una cuchara golpeando suavemente una olla.

Al entrar, encontró a su madre preparando la merienda.

Lucía hermosa como siempre.

El cabello oscuro recogido de manera sencilla.

Un vestido azul claro.

Las mangas arremangadas hasta los codos.

Pero algo estaba mal.

Giovanna lo supo al instante.

Porque conocía cada gesto de aquella mujer.

Cada sonrisa.

Cada mirada.

Y aquella sonrisa estaba fingida.

—¿Qué pasa? —preguntó.

—¿Pasar? Nada.

—Mamá.

La mujer apartó la vista.

Eso fue suficiente respuesta.

Giovanna dejó la bolsa sobre la mesa.

—Antes de que cambies de tema.

Tengo algo para ti.

Su madre parpadeó sorprendida.

—¿Para mí?

—Ábrelo.

La mujer tomó la bolsa con curiosidad.

Cuando sacó el pañuelo de seda, sus ojos se abrieron ligeramente.

—Giovanna...

—Lo sé. No era necesario. Hay cosas más importantes. No debería gastar dinero. Ya escuché todo el discurso en mi cabeza.

Una pequeña risa escapó de los labios de su madre.

La primera risa sincera que Giovanna había escuchado en días.

—Es precioso.

—Lo vi y pensé en ti.

Durante unos segundos ninguna de las dos habló.

Entonces Giovanna vio el brillo húmedo en los ojos de su madre.

Su corazón se encogió.

No.

Aquello no era emoción.

Aquello era algo más.

—Has estado llorando.

La sonrisa desapareció del rostro de la mujer.

—No.

—Sí.

—Giovanna...

—¿Qué pasó?

Su madre bajó la mirada hacia el pañuelo.

—Nada importante.

—Si te hizo llorar, es importante.

La mujer respiró profundamente.

Por un instante pareció querer decir algo.

Algo grande.

Algo que llevaba demasiado tiempo guardando.

Pero al final negó con la cabeza.

—Solo estoy cansada.

Mentira.

Giovanna lo supo.

La conocía demasiado bien.

Aquella tristeza venía de mucho más lejos.

Quizás de meses.

Quizás de años.

Y tenía la sensación de que todo estaba relacionado con su padre.

Siempre terminaba relacionado con él.

Su trabajo.

Sus viajes.

Las llamadas nocturnas.

Los hombres desconocidos que aparecían a cualquier hora.

Las discusiones que creían que ella no escuchaba.

Las puertas cerradas.

Los secretos.

Demasiados secretos.

—Mamá...

Un estruendo interrumpió la conversación.

La puerta principal acababa de cerrarse de golpe.

El sonido resonó por toda la casa.

Las dos mujeres se quedaron inmóviles.

Giovanna sintió que el estómago se le hundía.

Conocía perfectamente aquel sonido.

Su padre había regresado.

Y estaba furioso.

Los pasos pesados atravesaron el recibidor.

Lentos.

Firmes.

Amenazantes.

Su madre apretó el pañuelo entre las manos.

El miedo cruzó fugazmente por su rostro antes de desaparecer.

Pero Giovanna lo había visto.

Lo veía siempre.

La expresión de alguien que caminaba constantemente sobre cristales rotos.

—Sube a tu habitación —susurró su madre.

—No.

—Giovanna.

—¿Qué ocurrió esta vez?

Los pasos se acercaban.

Cada vez más.

Cada vez más cerca.

—Nada que deba preocuparte.

—Siempre dices eso.

—Porque quiero protegerte.

La puerta de la cocina se abrió de golpe.

El silencio cayó sobre la habitación.

Giovanna giró lentamente la cabeza.

Su padre estaba allí.

Alto.

Imponente.

Vestido con un traje oscuro que parecía demasiado caro para alguien que, supuestamente, trabajaba en negocios de importación.

Sus ojos recorrieron la cocina.

Primero a su esposa.

Después a su hija.

Y finalmente al pañuelo de seda.

Algo oscuro cruzó por su expresión.

Algo que hizo que el corazón de Giovanna latiera más rápido.

—¿Interrumpo algo?

Nadie respondió.

Porque todos sabían que aquella pregunta no era realmente una pregunta.

Era una advertencia.

Y por primera vez en mucho tiempo, Giovanna tuvo la sensación de que algo terrible estaba acercándose a sus vidas.

Como una tormenta que todavía no había llegado.

Pero que ya podía olerse en el aire y la tensión en el ambiente cortaba cualquier respiración.

El hombre de los secretos

La tensión permaneció en la cocina incluso después de que nadie pronunciara una sola palabra.

Giovanna sintió cómo los músculos de su espalda se tensaban mientras observaba a su padre desde el otro lado de la habitación.

Había algo en él que siempre conseguía hacerla sentir pequeña.

No era solo su altura.

Ni su voz grave.

Ni siquiera aquella mirada oscura capaz de congelar cualquier conversación.

Era la incertidumbre.

Nunca sabía qué versión de él encontraría al cruzar una puerta.

Algunas veces era amable.

Otras parecía indiferente.

Y en los peores días...

En los peores días era mejor mantenerse fuera de su camino.

—¿Interrumpo algo? —repitió su padre.

Su madre fue la primera en reaccionar.

—Giovanna me estaba mostrando un regalo.

El hombre observó el pañuelo de seda que seguía entre las manos de su esposa.

—¿Un regalo?

—Lo compré esta tarde —explicó Giovanna.

Su padre arqueó una ceja.

—¿Y desde cuándo gastas dinero en cosas innecesarias?

La felicidad que había sentido al entregar el regalo desapareció al instante.

Aquella era precisamente la razón por la que evitaba compartir cosas con él.

Todo terminaba convirtiéndose en un problema.

—Es mi dinero.

El hombre la observó durante unos segundos.

Demasiados segundos.

—Mientras vivas bajo este techo, todo lo que hagas es asunto mío.

Su madre dio un paso adelante.

—Es solo un pañuelo.

—No te estoy hablando a ti.

El silencio cayó nuevamente.

Giovanna bajó la mirada.

No por sumisión.

Por experiencia.

Sabía cuándo insistir y cuándo callar.

Aquella tarde no era momento para discutir.

No con el modo en que había entrado a la casa.

No con aquella expresión.

Su padre dejó las llaves sobre la mesa.

El sonido metálico resonó por toda la cocina.

—¿La merienda está lista?

—Sí.

—Entonces sírvela.

La orden fue dirigida a su esposa.

No había agresividad en su voz.

Y sin embargo sonó como una amenaza.

Su madre obedeció sin discutir.

Giovanna odiaba aquello.

Odiaba la forma en que su madre se encogía cada vez que él estaba cerca.

Odiaba la manera en que vigilaba cada palabra.

Odiaba los silencios.

Las excusas.

Las lágrimas escondidas.

Y sobre todo odiaba no entender qué demonios estaba pasando.

Porque algo estaba pasando.

Lo sabía.

Lo sentía.

Llevaba años sintiéndolo.

Su padre desaparecía durante días enteros.

Recibía llamadas a cualquier hora.

Hombres desconocidos llegaban a la casa en vehículos oscuros.

Algunos parecían empresarios.

Otros parecían soldados.

Y ninguno inspiraba confianza.

Pero cada vez que preguntaba obtenía la misma respuesta.

"No son asuntos tuyos."

La merienda transcurrió en un silencio incómodo.

Su padre apenas tocó la comida.

Parecía distraído.

Como si estuviera pensando en algo más.

Algo lejano.

Algo peligroso.

De vez en cuando consultaba el teléfono.

Luego volvía a guardarlo.

Y cada vez que la pantalla se iluminaba, su expresión empeoraba.

Finalmente se levantó.

—Tengo trabajo.

Giovanna casi se rio.

Trabajo.

Siempre era trabajo.

Aquella palabra había servido durante años para justificar cualquier ausencia.

Cualquier secreto.

Cualquier mentira.

Su padre salió de la cocina sin despedirse.

Un minuto después escucharon la puerta de su despacho cerrarse.

Solo entonces su madre pareció respirar normalmente.

Giovanna observó aquella reacción.

Y algo dentro de ella se rompió un poco más.

—¿Por qué sigues haciéndolo?

Su madre levantó la mirada.

—¿Haciendo qué?

—Fingiendo que todo está bien.

La mujer guardó silencio.

—No está bien.

—Lo sé.

—Entonces deja de actuar como si nada ocurriera.

Su madre se sentó lentamente.

De pronto parecía cansada.

Mucho más cansada que unos minutos atrás.

—Las cosas son complicadas.

—Siempre dices eso.

—Porque es la verdad.

—No es una respuesta.

La mujer sonrió con tristeza.

—Quizás algún día lo entiendas.

—¿Entender qué?

La sonrisa desapareció.

Durante unos segundos pareció debatirse entre hablar o guardar silencio.

Finalmente eligió lo segundo.

Como siempre.

—Ve a hacer tus tareas.

Giovanna soltó una risa amarga.

—Claro.

Porque esa también era una respuesta habitual.

Cuando las preguntas se volvían peligrosas.

Cuando se acercaban demasiado a la verdad.

Cuando amenazaban con derribar las paredes de aquella casa.

Subió las escaleras y se encerró en su habitación.

La luz anaranjada del atardecer entraba por la ventana.

Normalmente aquel lugar le transmitía tranquilidad.

Aquella tarde no.

Se dejó caer sobre la cama.

Su mirada se dirigió hacia el techo.

Intentó concentrarse en cualquier otra cosa.

En sus amigas.

En la universidad.

En el futuro.

Pero los pensamientos siempre terminaban regresando al mismo sitio.

Su familia.

Su padre.

Los secretos.

La sensación constante de que estaba viviendo dentro de una mentira.

Un golpe seco la hizo incorporarse.

Provenía de la planta baja.

Luego escuchó voces.

Elevadas.

Tensas.

Su corazón comenzó a latir más rápido.

Con cuidado se acercó a la puerta.

Abrió apenas una rendija.

Otra voz llegó desde el despacho.

No era la de su padre.

Era un hombre.

Desconocido.

Furioso.

—Esto se está saliendo de control.

—Baja la voz —respondió su padre.

—No me digas qué hacer.

Giovanna contuvo la respiración.

No podía distinguir todas las palabras.

Pero era evidente que estaban discutiendo.

—Nos están observando.

—No tienes pruebas.

—Las tendré pronto.

Silencio.

Luego el desconocido volvió a hablar.

—Debemos informar al jefe.

Aquellas palabras llamaron inmediatamente su atención.

¿Jefe?

Su padre jamás había mencionado tener un jefe.

Siempre hablaba de negocios propios.

De inversiones.

De empresas.

Entonces, ¿quién era ese hombre?

Y más importante aún...

¿Quién era el jefe?

Un escalofrío recorrió su espalda.

Durante años había intentado convencerse de que todo tenía una explicación lógica.

Pero cada vez resultaba más difícil.

Los siguientes minutos transcurrieron entre murmullos imposibles de entender.

Finalmente escuchó pasos.

La conversación había terminado.

Giovanna regresó rápidamente a la cama antes de ser descubierta.

Un minuto después un automóvil arrancó frente a la casa.

El visitante se había marchado.

La noche cayó lentamente.

La cena fue incluso más incómoda que la merienda.

Su padre apenas habló.

Su madre tampoco.

Y Giovanna ya estaba cansada de fingir normalidad.

Cuando terminó de comer se retiró a su habitación.

No podía soportarlo más.

Necesitaba aire.

Necesitaba pensar.

Necesitaba comprender.

Pero sobre todo necesitaba respuestas.

Se acercó a la ventana.

Las luces del pueblo brillaban a lo lejos.

Todo parecía tranquilo.

Pacífico.

Normal.

Y sin embargo ella tenía la sensación de vivir sobre una bomba a punto de explotar.

No sabía cuánto tiempo permaneció allí observando la oscuridad.

Quizás una hora.

Quizás dos.

Hasta que un sonido llamó su atención.

Una voz.

Luego otra.

Procedían del jardín.

Su corazón se aceleró.

Reconoció inmediatamente a los dueños de aquellas voces.

Sus padres.

Sin hacer ruido abrió ligeramente la ventana.

El aire fresco de la noche entró en la habitación.

Y entonces escuchó con claridad.

—Debes salir de esto —decía su madre.

—Ya hemos hablado de este tema.

—No me importa.

—Pues debería.

—Tenemos una hija.

El silencio que siguió pareció eterno.

—Precisamente por ella sigo adelante.

—¡No!

La respuesta de su madre llegó cargada de desesperación.

—Lo haces por orgullo.

—No sabes de qué hablas.

—Sé exactamente de qué hablo.

Otra pausa.

Después llegó la frase que hizo que la sangre abandonara el rostro de Giovanna.

—Algún día van a matarte.

El corazón le golpeó con fuerza contra las costillas.

Abajo, en el jardín, nadie habló durante varios segundos.

Finalmente escuchó la voz de su padre.

Fría.

Resignada.

Casi cansada.

—Lo sé.

Y por primera vez en toda su vida, Giovanna comprendió que el peligro que había sentido durante años no era producto de su imaginación.

Era real.

Y estaba mucho más cerca de lo que jamás había imaginado.

Download MangaToon APP on App Store and Google Play

novel PDF download
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play