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El Vacío Que Ella Dejó en Mí

Capitulo 1 — El contrato que quebro a Helena

El sobre de la Clinica Santa Clara parecia demasiado liviano para cargar una vida entera dentro.

Helena lo sostenia sobre el regazo, en el asiento trasero del auto, mientras Sao Paulo pasaba por la ventanilla en luces alargadas. El chofer mantenia una musica baja, casi respetuosa, pero ella no conseguia escuchar nada mas alla de su propia respiracion.

Beta HCG: positivo.

Cinco semanas.

La doctora Patricia habia sido amable al entregar el resultado. Hablo de reposo, vitaminas, examenes complementarios y, sobre todo, de cuidado.

— Evita el estres fuerte, Helena. Tu cuerpo esta sensible.

Helena casi se rio.

Evitar el estres, estando casada con Rafael Ferraz, era pedir que Sao Paulo amaneciera sin prisa.

El celular vibro dentro del bolso. Por un segundo absurdo, penso que era Rafael. Tal vez el hubiera recordado que ese era el aniversario de bodas. Tal vez preguntara donde estaba. Tal vez dijera cualquier cosa que pareciera cuidado.

Pero era Camila.

Camila: "¿Salio el resultado?"

Helena miro la pantalla, sintiendo los dedos frios.

Helena: "Salio."

Camila: "¿Estas embarazada?"

La palabra parecia demasiado grande para caber en el telefono.

Helena: "Estoy."

La llamada llego de inmediato.

— Hablame — pidio Camila. — ¿Donde estas?

— Yendo a casa. Necesito arreglarme para la cena de la fundacion.

— Helena...

Solo el nombre, en ese tono, casi deshizo el nudo en su garganta.

— Estoy bien.

— No le mientas a una abogada. Reconocemos la mentira hasta por la respiracion.

Helena miro por la ventanilla. Una pareja cruzaba la calle tomados de la mano, riendose de algo simple. Sintio un dolor pequeno, no de envidia, sino de duelo. Esa clase de ligereza nunca habia entrado en su matrimonio.

— Todavia no se lo dije a el.

Camila se quedo en silencio un instante.

— ¿Quieres contarle?

Helena queria.

Queria entrar en la oficina de Rafael, poner el examen sobre el escritorio y ver algun asombro humano atravesar esos ojos oscuros. Queria que el preguntara si estaba bien. Queria que la mano de el, acostumbrada a firmar contratos y destruir competidores, tocara su vientre con cuidado.

Pero querer no cambiaba la forma en que Rafael la miraba.

— No se — respondio.

— Entonces no se lo cuentes hoy. Guarda ese examen conmigo si lo necesitas. Vamos a pensarlo con calma.

El auto entro en la calle arbolada de la mansion Ferraz. Helena colgo despues de prometer que llamaria si algo pasaba.

En la habitacion, el vestido azul marino ya estaba sobre la cama. Se bano, maquillo la palidez y se recogio el cabello con calma. Al mirarse en el espejo, vio a la esposa perfecta que la familia Ferraz sabia exhibir.

Perfecta y agotada.

Se toco el vientre todavia plano.

— No se como hacer esto — susurro. — Pero voy a aprender.

La puerta se abrio sin que tocaran.

Rafael entro de traje negro, impecable, frio. No elogio el vestido. No pregunto donde habia estado. Sus ojos fueron directo al celular sobre la mesada.

— ¿Hablando con quien?

Helena tomo los aretes.

— Camila.

— La abogada.

— Mi amiga.

El solto una risa sin humor.

— Interesante como siempre necesitas una abogada cerca.

Las ganas de contarle sobre el bebe retrocedieron dentro de ella.

— Tal vez porque vivo rodeada de gente que transforma el afecto en contrato.

Rafael la encaro.

— Cuidado con lo que insinuas.

— No insinue nada.

— ¿No? Te paseaste toda la semana agradando a mi abuela para presionar al consejo de la fundacion.

Helena sintio el estomago revolverse.

— Dona Teresa me pidio ayuda con la subasta benefica.

— Mi abuela pide muchas cosas cuando quiere acercar personas.

— ¿De verdad crees que uso a una senora de ochenta anos para obligarte a ser mi marido?

Rafael dio un paso adelante.

— Sabias lo que este matrimonio significaba cuando firmaste.

Helena rio bajo, sin alegria.

— Firme un matrimonio, Rafael. No una sentencia.

Por un segundo, algo cruzo el rostro de el. Casi culpa. Casi incomodidad. Despues desaparecio.

— Tenemos una cena. No hagas una escena.

No hagas una escena.

Era siempre eso. No sientas demasiado. No preguntes demasiado. No ocupes demasiado espacio.

Helena tomo el bolso. El examen estaba dentro, escondido junto al lapiz labial y un panuelo.

— Quedate tranquilo. Se sonreir para las camaras.

En el hotel Palacete Jardim, la cena de la fundacion parecia un escenario perfecto. Flores blancas, copas finas, invitados importantes, fotografos esperando a la pareja Ferraz.

Dona Teresa abrazo a Helena con ternura.

— Mi querida, estas hermosa. Pero estas palida.

— Solo cansada.

— Rafael trabaja demasiado y cree que todo el mundo esta hecho de piedra.

Helena no respondio.

Durante la cena, Rafael cumplio el papel de marido con precision publica. Le corrio la silla. Le toco la espalda para una foto. Sonrio cuando una senora elogio "a la pareja mas bonita de la noche".

Helena tambien sonrio.

Por dentro, cada gesto educado parecia una pequena crueldad.

Despues del postre, fue al lavabo para respirar. Se lavo las manos, encaro el espejo e intento convencerse de que sobreviviria a esa noche.

El celular vibro.

Una notificacion de un portal de celebridades aparecio en la pantalla.

"Rafael Ferraz y Valentina Reis pasan la ultima semana en un hotel de lujo en Jardins, dice fuente."

Helena abrio la nota.

Las fotos eran granuladas, pero lo bastante claras. Rafael saliendo del estacionamiento privado de un hotel. Valentina a su lado, con lentes oscuros, la mano posada en el brazo de el con intimidad.

Una semana.

No era coincidencia.

No era un malentendido.

Helena sintio que el cuerpo entero se le enfriaba. No lloro de inmediato. Fue peor. Un silencio enorme se abrio dentro de ella.

Cuando volvio al salon, Rafael estaba cerca de la terraza, al telefono.

— Lo resuelvo despues, Valentina. No llores.

No llores.

Dos palabras que nunca le habia dicho a Helena.

Rafael colgo y la vio.

— Te tardaste.

Ella quiso preguntar si la cama del hotel era comoda. Quiso arrojarle el examen al pecho. Quiso exigir que el sintiera algo.

Pero recordo a la doctora.

Evita el estres fuerte.

Recordo la vida pequena dentro de ella.

— Me senti mal — dijo.

La mirada de el bajo hasta su rostro.

— ¿Necesitas un medico?

La pregunta llego seca. Aun asi, por un instante miserable, Helena casi se aferro a ella.

— No. Necesito irme.

— La cena todavia no termino.

— Para mi, termino.

Rafael entrecerro los ojos.

— Helena, no hagas esto aqui.

Ella sonrio, educada y devastada.

— No voy a hacer una escena.

Paso junto a el antes de que el coraje se acabara.

En el auto, abrio la conversacion con Camila.

Helena: "¿Puedes recibirme hoy?"

Camila: "¿Paso algo?"

Helena miro el sobre dentro del bolso. Despues, hacia la entrada iluminada del hotel.

Una lagrima cayo.

Helena: "Paso todo."

Escribio otro mensaje antes de arrepentirse.

Helena: "Quiero hablar sobre la separacion. Y sobre como proteger a mi hijo."

Cuando la palabra hijo aparecio en la pantalla, Helena se llevo la mano a la boca para contener el sollozo.

Ya no se trataba de salvar un matrimonio.

Se trataba de salvarse a si misma antes de que esa casa le ensenara a su bebe a pedir disculpas por existir.

Capitulo 2 — El embarazo guardado en silencio

— Voy a hablar como tu amiga antes de hablar como tu abogada — dijo Camila, colocando una taza de te frente a Helena. — Rafael no merece saber del embarazo mientras tu sigas atrapada en esa casa.

Helena estaba en el sofa del departamento de su amiga, todavia con el vestido azul marino de la cena. Los zapatos habian quedado cerca de la puerta. Por primera vez en esa noche, no necesitaba mantener una postura perfecta.

Aun asi, tardo en responder.

El reloj marcaba casi las dos de la manana.

— El es el padre — dijo, tocandose el vientre.

— Biologicamente, si. Juridicamente, tendra derechos y deberes cuando llegue el momento. Pero hoy es el hombre que te dejo salir sola de una cena, embarazada, destrozada, despues de una semana entrando y saliendo de un hotel con otra mujer.

La frase dolio porque era simple.

Helena miro el te.

— No quiero convertir a mi hijo en un arma.

La expresion de Camila se suavizo.

— Entonces no lo conviertas. Vamos a hacer todo bien. Primero, sales de esa casa. Segundo, organizamos la separacion de cuerpos. Tercero, cuidas tu salud. Cuando sea seguro, la paternidad entra en la conversacion.

— ¿Y si Rafael lo descubre antes?

Camila cerro la laptop por un instante.

— Entonces descubrira que ya no estas sola.

Helena queria creerle.

A la manana siguiente, despues de menos de tres horas de sueno, desperto en la habitacion de huespedes con un mensaje de Rafael.

Rafael: "¿Donde estas?"

Ningun "¿estas bien?". Ningun "¿llegaste segura?".

Solo control.

Helena se sento despacio. Una nausea subio, acompanada de una punzada en el bajo vientre. Se quedo inmovil hasta que el dolor paso.

El celular vibro de nuevo.

Rafael: "Mi abuela pregunto por ti."

Helena solto una risa sin sonido.

Cuando Rafael queria alcanzarla, usaba a Dona Teresa como puente. Cuando queria acusarla, decia que ella usaba a Dona Teresa como arma.

Helena: "Estoy resolviendo asuntos personales. Le aviso a Dona Teresa mas tarde."

Rafael: "¿Que asuntos?"

Ella miro hacia la puerta. Del otro lado, Camila hablaba por telefono con la firmeza de quien ya estaba armando una guerra antes del desayuno.

Helena: "Asuntos mios."

Esa vez, el no respondio.

Y el silencio de el todavia dolio mas de lo que deberia.

Dos horas despues, Helena estaba en la oficina de Camila, en Faria Lima. Llevaba un pantalon prestado y una camisa blanca que olia al suavizante de su amiga. Sobre el escritorio habia tres pilas de documentos: matrimonio, patrimonio, salud.

Camila senalo la primera.

— Solicitud de separacion de cuerpos. No es el divorcio definitivo. Es la medida inicial para formalizar que ustedes ya no viven como pareja y protegerte de cualquier acusacion de abandono de hogar.

Helena tomo la pluma.

El nombre completo en el documento la hirio.

Helena Beatriz Rocha Ferraz.

Ferraz.

Ese apellido parecia un collar elegante.

— ¿Puedo volver a firmar solo Rocha?

Camila cruzo los brazos.

— En los documentos, por ahora, usamos el nombre civil. En la vida, firmas como quieras.

Helena sonrio por primera vez desde la noche anterior.

— Helena Rocha, entonces.

Firmo.

El primer trazo salio tembloroso. El segundo, mas firme. En el tercer documento, su mano ya obedecia a una decision que el corazon todavia intentaba alcanzar.

Camila giro la otra pila.

— Sobre el bebe, no voy a mencionar nada ahora.

— ¿Eso no es ilegal?

— No. Estas al inicio de la gestacion. Existe un examen tuyo, protegido por secreto medico. Si quieres contarlo, es tu eleccion. Si no quieres contarlo ahora, tambien. Como abogada, recomiendo esperar hasta que tu salida este organizada.

Helena respiro hondo.

— Parece frio.

— Es juridico. Frio es que el te haga creer que necesitas merecer respeto.

Helena se quedo callada.

Durante un ano, habia intentado merecerlo. Atencion, confianza, una cena sin la sombra de otra mujer, una noche sin acusaciones.

Ahora habia una criatura dentro de ella.

No podia ensenarle a su propio hijo que el amor era una sala donde se esperaba ser elegido.

— Voy a firmar.

Y firmo.

Al mediodia, Helena decidio pasar por el Grupo Ferraz para buscar la laptop, algunos bocetos y documentos personales que todavia estaban en la oficina de la fundacion.

— Voy contigo — dijo Camila.

— Si aparezco con una abogada, Rafael va a entenderlo como guerra.

— Si apareces sola, lo va a entender como oportunidad.

Helena casi sonrio.

— Entro, tomo mis cosas y salgo. Treinta minutos.

A Camila no le gusto.

— Me mandas la ubicacion en tiempo real. Y, si te acorrala, me llamas. No entres en una oficina cerrada, no discutas en el pasillo y no aceptes cafe de nadie.

— ¿Cafe?

— El cafe es la excusa preferida del hombre rico para hacer que una mujer escuche tonterias sentada.

Esa vez, Helena rio.

En la recepcion del Grupo Ferraz, todo parecia demasiado limpio. Marmol claro, vidrio de piso a techo, orquideas blancas. Los empleados entrenados para reconocer el poder por el corte del traje la saludaron con cuidado.

La nota sobre Rafael y Valentina ya habia circulado.

Por supuesto que si.

Helena mantuvo la barbilla en alto y siguio hasta los ascensores privados.

— Helena.

Su cuerpo reconocio esa voz antes de que la mente la aceptara.

Valentina Reis se acercaba con una sonrisa dulce, vestido beige impecable y lentes oscuros sujetos en el escote. Parecia lista para una camara que siempre la favorecia.

— ¿Estas mejor? Rafael comento que te sentiste mal anoche.

Entonces le habia comentado.

A ella.

— Estoy bien.

— Que bueno. Una nunca sabe cuando una emocion fuerte puede hacer dano, ¿verdad?

La frase llego cubierta de miel. Por debajo, habia veneno.

Helena encaro a Valentina con calma.

— Depende de la emocion. Algunas hacen dano. Otras solo abren los ojos.

La sonrisa de la presentadora se endurecio.

— No quiero un clima malo entre nosotras. Rafael te tiene mucha consideracion por Dona Teresa. Yo lo respeto.

Consideracion.

Valentina sabia elegir palabras que empequeñecian sin parecer agresion.

— Tengo prisa — dijo Helena.

— Solo crei que era mejor explicar. La noticia salio de un modo feo. Rafael y yo tenemos una historia antigua. Algunas cosas no terminan solo porque exista un papel firmado.

Helena sintio una punzada en el bajo vientre.

Pequena, pero suficiente para helarle las manos.

Respiro despacio.

No frente a ella.

No ahora.

— Tienes razon — respondio Helena, en voz baja. — Un papel no sostiene un matrimonio. Pero tampoco sostiene una mentira para siempre.

Valentina perdio la sonrisa por medio segundo.

El ascensor se abrio.

Antes de que Helena entrara, una voz masculina cruzo el vestibulo.

— Helena.

Rafael venia del ala ejecutiva, rostro cerrado, corbata alineada. Valentina suavizo la expresion en el acto y le toco el brazo con suavidad.

— Rafael, yo solo estaba viendo si ella se encontraba bien.

Helena miro ese gesto.

El no aparto a Valentina.

Tampoco acerco a Helena.

Solo pregunto, frio:

— ¿Que viniste a hacer aqui?

Otra punzada. Mas fuerte.

Helena casi se llevo la mano al vientre, pero se contuvo.

— Buscar mis documentos.

— ¿Que documentos?

— Los mios.

— Saliste de casa sin explicar nada, no atiendes mis llamadas y apareces aqui para recoger documentos. ¿Que intentas demostrar?

Antes, tal vez ella hubiera dado explicaciones. Tal vez hubiera abierto el pecho ahi mismo y hubiera esperado que Rafael la tratara como alguien que podia ser amada.

Pero el dolor en el vientre regreso.

Quedarse ahi era peligroso.

— No estoy intentando demostrar nada.

— Entonces explicame.

La orden llego limpia, acostumbrada a ser obedecida.

Helena entro al ascensor.

— No.

Rafael se quedo inmovil.

— Si quieres hablar conmigo, habla con mi abogada.

El rostro de el cambio poco, pero los ojos se oscurecieron.

— ¿Tu abogada?

— Camila Duarte. Sabes quien es.

Valentina se llevo la mano a la boca, fingiendo sorpresa.

— Helena, ¿no crees que estas exagerando?

Helena poso la mano sobre el vientre, protegida por la tela de la camisa.

— Creo que me tarde demasiado.

Las puertas se cerraron.

En el ascensor, se apoyo contra la pared de espejos y le envio un mensaje a Camila.

Helena: "Tenias razon. Necesito salir de esa casa antes de que el lo descubra."

Rafael podia controlar empresas, titulares y salones llenos de gente poderosa.

Pero no controlaria el destino del hijo que todavia no sabia que existia.

Capitulo 3 — Adios, Sao Paulo

Lo primero que Helena puso en la maleta fue un cuaderno de tapa negra.

No era caro. No tenia monograma, cuero italiano ni cierre dorado. Era solo un cuaderno de dibujo, con hojas gruesas y algunas marcas de tinta en los bordes. Rafael jamas notaria su importancia si lo viera olvidado sobre la mesa.

Tal vez por eso Helena lo eligio primero.

Habia cosas que solo tenian valor cuando alguien sabia mirar.

La habitacion de la pareja estaba en silencio esa manana. La cama enorme, las cortinas automaticas filtrando la luz, el saco que Rafael habia usado en la cena todavia sobre el sillon. Helena no lo toco.

Junto a la maleta habia una lista escrita por Camila.

Documentos personales.

Pasaporte.

Examenes medicos.

Tarjetas. Laptop.

Bocetos.

Medicamentos de la doctora Patricia.

Nada de joyas Ferraz.

Nada que pudiera convertirse en disputa patrimonial despues.

Camila habia pensado en todo.

Helena todavia estaba aprendiendo a pensar como alguien que podia irse.

Abrio el cajon y tomo el sobre de la Clinica Santa Clara. Antes de guardarlo en la carpeta, sostuvo el papel contra el pecho.

— Todo va a salir bien — murmuro.

No sabia si le hablaba al bebe o a si misma.

Tal vez a los dos.

El celular vibro.

Camila: "El auto llega en veinte minutos. Gabriel confirmo el departamento en Lisboa. Te quedas ahi hasta que te inscribas en el curso y decidas los proximos pasos."

Gabriel Costa, primo de Helena, habia crecido entre Brasil y Portugal. No pidio detalles cuando Camila lo llamo. Solo ofrecio una llave, un medico de confianza y silencio.

Helena respondio:

"Gracias. Estoy terminando."

Llego otro mensaje.

Camila: "Y no le atiendas a Rafael a solas."

Helena miro la pantalla.

Rafael no habia llamado desde la escena en el vestibulo del Grupo Ferraz. No mando flores. No pidio disculpas. No aparecio para preguntar si estaba bien.

El silencio de el parecia confirmarlo todo.

Para Rafael, tal vez ella era solo una esposa haciendo un drama.

Helena cerro la maleta.

Ella no haria un drama.

Haria una eleccion.

Cuando bajo las escaleras, encontro a Dona Teresa en el vestibulo.

La anciana estaba sentada con una manta sobre las rodillas, como si llevara un rato esperando. El rostro elegante no ocultaba la tristeza.

Helena se detuvo en el ultimo escalon.

— Dona Teresa...

— ¿Ibas a despedirte de mi?

La pregunta no llego como acusacion. Llego como dolor.

Helena apretó el asa del bolso.

— No queria preocuparla.

— En esta casa todos creen que me protegen escondiendome la verdad. Es agotador.

Helena bajo y se acerco. Por un instante, quiso contarselo todo. El embarazo. La humillacion. El miedo. La separacion.

Pero Dona Teresa amaba a Rafael. Y, por mas que la apoyara, seguia siendo parte de la estructura que habia llevado a Helena hasta ese matrimonio.

— Necesito un tiempo afuera.

Dona Teresa le tomo la mano.

— ¿Fue el?

Helena guardo silencio.

El silencio respondio.

Los ojos de la anciana se llenaron de decepcion.

— No te vayas creyendo que fracasaste — dijo Dona Teresa. — Una mujer no fracasa por irse de un lugar donde no es respetada.

Aquello fue demasiado.

Una lagrima escapo.

Dona Teresa le toco el rostro con ternura.

— Sigues siendo mi querida, con o sin ese apellido.

Helena cubrio la mano de la anciana con la suya.

— Lo siento mucho.

— Yo tambien.

Un empleado aparecio discretamente.

— Senora Helena, el auto llego.

El cuerpo de ella se tenso.

Era eso.

Sin tormenta. Sin Rafael bajando las escaleras para detenerla. Solo una maleta, un auto esperando y una mujer intentando no derrumbarse.

Dona Teresa miro la maleta y despues a ella.

— ¿El lo sabe?

Helena entendio que la pregunta no era sobre el viaje.

La mano de ella fue hasta el vientre antes de poder impedirlo.

La mirada de Dona Teresa siguio el gesto.

El silencio cambio.

Helena contuvo la respiracion.

Dona Teresa no pregunto. No exigio. Solo le apreto la mano.

— Entonces ve con Dios, hija mia.

— Por favor...

— No dire nada.

Helena abrazo a la unica parte de esa casa que no habia sido fria con ella.

Cuando entro al auto, no miro hacia atras.

Si miraba, tal vez perderia el coraje.

En la oficina del Grupo Ferraz, Rafael recibio el sobre a las tres de la tarde.

La secretaria entro con cuidado.

— Documento del estudio Duarte & Vasconcelos.

El nombre de Camila Duarte le hizo trabar la mandibula.

— Dejelo ahi.

Rafael intento seguir leyendo un contrato, pero la misma clausula se repetia ante sus ojos sin tener sentido. Finalmente, irritado, abrio el sobre.

Solicitud de separacion de cuerpos.

Notificacion extrajudicial.

Solicitud de retiro de pertenencias personales.

Helena Beatriz Rocha Ferraz, por medio de su abogada...

Rafael solto una risa corta.

Entonces era eso. Helena habia convertido una discusion en un caso juridico. Se habia ido de casa, habia puesto a Camila entre ellos y ahora mandaba una notificacion como si el matrimonio fuera un contrato mal redactado.

Fue hasta la ventana.

Sao Paulo se extendia alla abajo, gris, inmensa, obediente al dinero de hombres como el. Rafael resolvia problemas antes de que crecieran. Proveedores dificiles. Directores ambiciosos. Periodistas inconvenientes.

Pero Helena no se estaba comportando como un problema.

Se estaba comportando como una ausencia.

El celular vibro.

Valentina.

Rafael miro el nombre en la pantalla y, por primera vez en mucho tiempo, no atendio de inmediato.

Dejo que la llamada se cayera.

Despues tomo el telefono fijo.

— Preparen el auto. Voy a casa.

Llego a la mansion en menos de cuarenta minutos.

Subio las escaleras sin hablar con nadie, abrio la puerta de la habitacion y se detuvo.

El tocador estaba vacio.

El vestidor tambien.

La repisa donde Helena guardaba cuadernos y lapices habia quedado limpia.

No habia desorden. Ninguna ropa tirada, ningun perfume roto. Helena se habia ido de la misma forma en que vivia en esa casa: en silencio.

Eso lo incomodo mas que cualquier grito.

Una empleada aparecio en la puerta.

— ¿Senor Rafael?

— ¿Quien ayudo a mi esposa a irse?

— Se fue sola, senor. El chofer llevo las maletas. Dona Teresa se despidio de ella.

Rafael se volvio.

— ¿Mi abuela lo sabia?

— No lo se.

Fue directo a la habitacion de Dona Teresa.

La abuela estaba cerca de la ventana, con un libro cerrado en el regazo.

— ¿Donde esta? — pregunto.

— Lejos de donde pudieras herirla hoy.

La frase lo golpeo como una bofetada.

— ¿Usted ayudo a Helena a irse?

— Me despedi de ella. Hay una diferencia.

— Esta exagerando.

Dona Teresa se quito los lentes.

— Llamar exageracion al dolor de una mujer es una forma rapida de perderla para siempre.

Rafael apreto los dedos contra la palma.

— Usted no sabe lo que esta pasando.

— Se mas de lo que te imaginas.

Algo frio le cruzo el estomago.

— ¿Que significa eso?

— Significa que Helena salio de esta casa con mas dignidad de la que tu has demostrado desde que te casaste con ella.

Rafael no respondio.

Salio de la habitacion y llamo a Helena.

Buzon de voz.

Lo intento de nuevo.

Buzon de voz.

En el tercer intento, aparecio el mensaje de bloqueo.

Helena lo habia bloqueado.

En el Aeropuerto Internacional de Guarulhos, Helena puso el celular en modo avion.

Camila estaba a su lado en la puerta de embarque, brazos cruzados, intentando parecer dura.

— Me vas a mandar un mensaje apenas aterrices.

— Si.

— Vas a comer algo en el avion.

— Voy a intentar.

— Y no vas a desbloquear a Rafael solo porque te mande un mensaje dramatico desde otro numero.

Helena casi sonrio.

— El no manda mensajes dramaticos.

— El hombre poderoso cree que no hace drama solo porque usa frases cortas.

Esa vez, Helena rio.

Llamaron al embarque.

Camila la abrazo con fuerza.

— No estas huyendo. Estas eligiendo sobrevivir con dignidad.

— ¿Cuidas la parte fea por mi?

— Siempre.

En el avion, cuando Sao Paulo empezo a hacerse pequena por la ventanilla, Helena abrio el sobre medico una vez mas.

Beta HCG: positivo.

Cinco semanas.

Se toco el vientre.

— Mi amor — susurro. — Mama no sabe bien hacia donde va. Pero sabe una cosa.

La aeronave atraveso una capa de nubes.

Helena respiro hondo.

— No vas a nacer en una casa donde yo tenga que pedir disculpas por existir.

Una lagrima cayo.

Esa vez, la dejo.

Por la ventanilla, el cielo se abrio sobre un blanco infinito.

Y Helena se despidio de Rafael Ferraz sin decir adios.

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